martes, 6 de agosto de 2013

SPONZORUŠA

Ya he usado este término en un par de ocasiones en mis entradas y creo que es el momento de aclararlo.


“Sponzoruša” (se leería como “esponsorusha”) es una palabra serbia, que conocí en Belgrado... y que me explicó, tan amable como siempre, mi buena amiga Sanela. Va por usted maestra...


Las sponzoruša son un conocido fenómeno en los Balcanes: se traduciría libremente como “chica que busca patrocinador”. El comportamiento es lo suficientemente simple como para no ser necesario que lo explique mucho... Chicas dedicadas en cuerpo y alma a encontrar un novio con recursos. Ojo, no hablamos de prostitución puramente, aunque no nos vamos a engañar, sí que hablamos de una clara pérdida del más mínimo resquicio de autoestima y respeto por una misma.


Estas chicas son relativamente sencillas de identificar en las zonas de marcha de la gran capital de los Balcanes, ya que cumplen en general una serie de condiciones mínimas: se trata de mujeres jóvenes, que lucen un muy curvilíneo palmito con vestidos caros y ajustados, toneladas de maquillaje y tacones que abofetean a Newton a cada paso... demasiado agresivamente sexy.


En realidad, supongo que todas las sociedades del mundo tienen chicas que buscan a un “sugar daddy”, pero son particularmente evidentes-visibles en las sociedades post-socialistas, por unos cuantos motivos que incluyen las dificultades de una transición económica, altísimo desempleo juvenil que afecta muy especialmente a las mujeres, salarios insufriblemente bajos... Todo esto hace que convertirse en sponzoruša tenga de algún modo cierto sentido, económico al menos. A estos condicionantes económicos se suma el bajo nivel de autoestima, que supongo viene dado por la lógica convulsión tras un conflicto armado y las situaciones que esto suele producir: Si has visto tu país derribarse en mil pedazos, tus compañeros de clase irse a la guerra, en muchos casos a distintos bandos, tu vecindario llenarse de refugiados, etc. evidentemente te cuesta más hacer planes a largo plazo, por un lado, y se debilita el respeto por ti misma, por otro... Vives el día a día, pillando lo que puedas. En ello también encaja el presumir de ropa cara, joyas, cuerpazo... es el modo de decirle a todos que te va bien; en una sociedad donde tu ingeniería cum laude y tener un buen trabajo de profesor de universidad no significa que “te vaya bien”, el estatus hay que ponerlo en el escaparate. En cualquier caso, no importan los motivos, eso si, todos muy tristes... las sponzoruša están ahí, y son especialmente obvias en una magnífica ciudad que adoro, y que es Belgrado.



Y ahora que he explicado el término, y lo triste que resulta, supongo que el lector comprende a qué me refiero cuando hablo de pescadores “sponzoruša”.


Es un fenómeno habitual, especialmente en el carpfishing, que cualquiera venda a su madre por cuatro bolsas de boilies y que -lo he visto- se le manden correos electrónicos con horribles faltas de ortografía a cualquier distribuidor de productos de pesca ofreciendo “servicios” de “probador” para “escribir artículos en revistas especializadas”...


Comprendo que conseguir un patrocinio puede hacer algo más barato el vivir esta pasión nuestra... y, mucha atención, todos mis respetos para el que lo intenta y lo consigue. Creo tener entre ellos algunos muy buenos amigos. Pero como creo que con las pasiones no se juega y de esto no vivo, prefiero pescar con lo que me de la gana, aunque sea más barato y de peor calidad, y aunque no me pueda permitir muy alegremente esas Harrisson Torrix, que me flipan, ni un enorme barco cebador Anatec con sonda y GPS... o me cueste más trabajo el hacerlo.


Si vais a Belgrado, avisad que quedamos para pescar.



A.

2 comentarios:

negro dijo...

chapeau!

Andrés Moreno dijo...

Mercy...

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